“Nos has
dado a tu Madre como nuestra para que nos enseñe a meditar y adorar en el
corazón. Ella, recibiendo la Palabra y poniéndola en práctica, se hizo la más
perfecta Madre”, es una de las frases dedicadas a la virgen de Suyapa.
Después
de 272 años del hallazgo de la pequeña virgen de Suyapa en el Piligüín de Tegucigalpa,
la fe, el amor y la advocación continúa en los feligreses de distintas partes
de Honduras.
En 1747
una señora del cielo se apareció a un humilde labrador junto a un niño en un
cerro; se identificó como la madre de Dios, transmitiendo un mensaje universal
de compasión, amor, promesa de ayuda y protección para toda la humanidad.
Como
muestra de amor y advocación se construyó la basílica de Suyapa con la ayuda de
muchos feligreses. La basílica de la virgen de Suyapa es la máxima construcción
de la feligresía católica en la república de Honduras a cuya advocación es la
virgen de Suyapa.
Nuestra Señora de Suyapa mide apenas seis centímetros y medio; obra muy antigua posiblemente trabajada con devoción por algún artista aficionado. En su mirada angelical se refleja la nobleza de la raza indígena. Es morena, de rostro ovalado, mejillas redondeadas, y su lacia cabellera le llega hasta los hombros. La imagencita tiene sus diminutas manos unidas en actitud de oración. El color original de su vestidura es el rosa pálido, que apenas se deja ver por estar totalmente cubierto por un manto oscuro tachonado de estrellas doradas y adornado con valiosas alhajas. Colocado al frente de la imagen, un resplandor de plata sobredorada la enmarca. Es una cosa peculiar, pues tanto el resplandor, como la aureola, suelen verse habitualmente en el respaldo de las imágenes. El resplandor está formado por dos aros cerrados en forma de número ocho del que salen los rayos que rodean a la Virgen. El aro superior está nimbado por doce estrellas de plata. El conjunto nos recuerda a la mujer vestida de sol que aparece en el Apocalipsis. De plata sólida es la esfera que sirve de apoyo a la imagen que tanto venera el pueblo hondureño.
Una increíble
lista de milagros, curas e intervenciones se le atribuyen. Es estimado que cada
año más de 1 millón de personas visitan su basílica.
Es
impresionante ver cómo el pueblo Hondureño y países vecinos se transportan a
ver a su morenita sin importar cuanto tiempo puede demorar llegar a su casa que
es el santuario de Suyapa, todo por pagar sus promesas y dedicarle sus
plegarias con hermosos cantos.
Además de
su magna peregrinación de las fiestas decembrinas, se acostumbra que desde
lugares muy internos de nuestro país acudan, se trata, pues de una fiesta sin
precedentes, cuyas raíces están en nuestra propia cultura y en amplios
episodios de nuestra historia, tal es el ejemplo de doña Rosa López que bajo un
día muy caluroso nos comentó que desde horas muy tempranas de la mañana anterior
se levantó junto a su familia para poder venir acampar en los alrededores de la
basílica sin importar cuánto frío y largas horas de camino tuvieron que
transportarse para poder llegar hasta la capital.
Con una
dulce sonrisa cautivadora doña Rosa una peregrina de Guajiquiro, La paz nos mencionó
“No importa el tiempo ni el camino yo vine agradecer a mi virgencita de Suyapa”.
Y bajo un tono de voz muy cautivador repitió que ella inculca a sus hijos el
amor y agradecimiento a la virgencita por tantos milagros que le ha hecho “No
tengo con que pagarle tanto amor”.
“La
devoción y el amor a María Santísima es una gran protección y un arma poderosa
contra las asechanzas del demonio”, dijo López como muestra de la devoción a la
Virgen de Suyapa.
¿Cuándo se
regresa a su pueblo? Bajo una gran satisfacción contesto; de aquí nos retiramos
hasta que termine la alborada, llegamos con el fin de celebrar el cumpleaños a nuestra
virgencita y estaremos hasta que entonemos las mañanitas alegres a nuestra
madre y patrona de Honduras.

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